Postdata 2: Junto a Kontsejutik, llega también a mi buzón el programa de fiestas oficial. (Los contenedores azules no van a dar a basto pasadas las fiestas).
En el capítulo 6 de este blog había adelantado que el beneficio para el Ayuntamiento, una vez descontados los costes del programa, podía rondar los 5.000 euros. Veo que me he equivocado estrepitosamente. Con los precios de publicidad en la mano, haciendo un cálculo optimista, compruebo que la entrada de publicidad ronda los 5.000 euros. Si descontamos a dicha cantidad los costes de diseño, elaboración de los anuncios e imprenta, las comisiones por gestión y venta de publicidad, y los gastos que asumía ZUM cuando se encargaba de gestionarlo (redacción, realización de las fotografías, etc...) dudo que este programa haya generado ningún beneficio para el Ayuntamiento. Es más, si tenemos en cuenta todos los gastos (envío de cartas a todos los comercios y empresas del pueblo con la tarifa de precios, impresión y reparto en los comercios y empresas de la nota oficial justificativa de la concesión del programa a una empresa de fuera del pueblo, llamadas telefónicas a diestro y siniestro...) mi sospecha es que el programa, por primera vez en 13 años, ha supuesto un gasto a las arcas municipales y ha ocupado mucho más tiempo a los responsables del Ayuntamiento del que les ocupaba cuando nuestra empresa se ocupaba de ello. En este caso, el único beneficiario del programa ha sido "una empresa privada", algo que parecía molestar especialmente a la responsable de cultura en la nota oficial que reproduzco en el capítulo 5 de este blog.
En cuanto a nosotros, hemos podido editar nuestro número especial de fiestas del que nos sentimos orgullosos. El trabajo ha sido más duro que editar un programa sin más y los ingresos publicitarios han sido menores que en otras ocasiones, entre otras cosas porque la forma en que se ha vendido el programa oficial ha generado confusión en muchos anunciantes que se han anunciado con toda su buena fe en el programa oficial sin saber cómo se estaba realizando.
Al final, ni el Ayuntamiento ha conseguido sus objetivos, ni nosotros hemos podido contar con el bienvenido extra que solía suponer este trabajo. Es como la filosofía del perro del hortelano, que ni jode ni deja joder.
Lo triste y el quid de la cuestión en este asunto es que el Ayuntamiento y sus responsables cuentan con unos recursos económicos de los que pueden disponer a capricho sin importarles que se gane o se pierda el dinero de los legazpiarras, mientras que nosotros y nuestras familias vivimos de estos trabajos (edición de revistas, venta de publicidad...) que cada vez son más costosos de realizar.
Es por ello que este tipo de trabajos extras, como el programa, resultan claves en la economía de una pequeña empresa como la nuestra y por ello nos duele que tras tanto tiempo realizándolo lo mejor posible para que todo el mundo esté satisfecho, se nos aparte del mismo por la actitud caprichosa de una o dos personas.
Ignoro si alguien ha seguido estos densos textos hasta aquí, si es así, les invito a que apaguen el ordenador y, sea con el programa oficial o sea con nuestro número ejemplar en las manos, salgan a la calle a disfrutar de las fiestas. Ondo pasa Santikutzak!!
